El ciclo de vida de la tecnología

Cualquier tecnología se encuentra supeditada a un proceso de evolución a lo largo del tiempo. Al principio solo es accesible a un número limitado de empresas y posteriormente llega a ser conocida por cualquier competidor en el mercado. Por tanto, puede afirmarse que cada tecnología tiene un ciclo de vida propio cuya duración es función primordial de sus características intrínsecas y del sector industrial en el que se desarrolla.

Maestria en Energias Renovables

Si se observa la curva característica, definida por Foster (1987), de la evolución en el tiempo de una tecnología (Curva S de la figura), se deduce que, a medida que aumenta su nivel de madurez, hay que realizar esfuerzos cada vez mayores para conseguir incrementos en el rendimiento técnico esperado de la misma.

Estos esfuerzos, explicita­dos en función de la inversión necesaria a lo largo del tiempo, en el número de investigadores y en los medios técnicos puestos a disposición de los mis­mos, llegan a alcanzar niveles prácticamente inso­portables para numerosas empresas, si se tiene en consideración el factor de retorno precio/prestación impuesto por el mercado.

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De esta curva S se deduce que toda tecnología evoluciona según un ciclo que puede dividirse en cuatro fases: emergencia o introducción, crecimiento, madurez y saturación.

  • Fase de emergencia. Es el período de aparición y desarrollo incipiente de una tecnología. Esta surge de la invención reciente, sea cual sea la fuente, y recorre una fase de inserción en la vida económica. Es un período en que, generalmen­te, los rendimientos técnicos de esta tecnología son menos fuertes que las de otras tecnologías más antiguas.
  • Fase de crecimiento. Es un período de mejora intensa de la nueva tecnología, y en el que esta tecnología es suficientemente fiable para desa­rrollar algunas grandes aplicaciones que permi­tan concretar potencialidades. La tecnología conoce una mejora considerable en sus rendi­mientos que, en ocasiones, va acompañada de una miniaturización de las aplicaciones. Se le denomina fase de crecimiento pues, en el plano técnico, existe un fuerte crecimiento de los ren­dimientos.
  • Fase de madurez. Es el período en que la tec­nología se estabiliza. La experiencia adquirida en los campos en que se ha implantado y desa­rrollado ha posibilitado resolver los principales problemas que planteaban sus aplicaciones y de estabilizar los procedimientos de uso. También se estabiliza en el crecimiento de sus rendimien­tos técnicos.
  • Fase de saturación. Es el período en que la téc­nica llega a sus límites, principalmente. de rendi­mientos técnicos. Es una fase en que el creci­miento del potencial no puede ser alcanzado sin un crecimiento más que proporcional de las dimensiones, de la complejidad o de la rigidez de la utilización. La investigación de un aumento del rendimiento sólo se obtiene al precio de generar obstáculos y perjuicios más que proporcionales. Estos contra-rendimientos técnicos se manifies­tan en el plano económico por una disminución progresiva de las ganancias de productividad y un crecimiento de los costes.

Determinados autores han asociado a cada etapa características y comportamientos distintos. No solamente los productos están sujetos a un ciclo de vida; la figura siguiente muestra que las tecnologías también lo está.

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Sin embargo, el ciclo de vida no se sigue siempre fatalmente. Puede producirse una renovación o un “rejuvenecimiento” del producto a consecuencia de la aparición de innovaciones en el proceso de producción o en algún subsistema del mismo producto. La navegación a vela ha experimentado un rejuvenecimiento debido a la práctica deportiva. La máquina de escribir tradicional fue renovada por la maquina electrónica, la cual, a su vez, ha entrado en declive ante la aparición del procesador de textos.

Algunos expertos se preguntan si la industria del automóvil se puede considerar, hoy en día, madura o renovada, teniendo en cuenta la introducción constante de nuevas mejoras (robots, fabricación flexible, nuevos sistemas de inyección, dirección asistida…). Realmente, la respuesta no es fácil.

Richard Foster, director de McKinsey, ha convertido otro concepto -la curva en S- en protagonista de su libro pionero Innovation (1986). Esta curva relaciona el esfuerzo efectuado en desarrollar una tecnología (medido por los recursos utilizados, humanos y financieros) con los resultados obtenidos (medidos por el parámetro más significativo: velocidad, consumo, resistencia, tamaño…).

Cuando se inicia la investigación sobre una nueva tecnología, el progreso es muy lento. Se soluciona un obstáculo pero aparece otro inmediatamente. Sin embargo, llega un momento en que los principales problemas están resueltos, y con un pequeño gasto adicional las prestaciones mejoran rápidamente.

Después de esta etapa de rápido crecimiento, el progreso se estabiliza de nuevo. La empresa debe gastar más que en el pasado para mantener la misma tasa de progreso o bien se ve obligada a aceptar una tasa de progreso menor. Esto sucede porque la tecnología se halla cerca de su límite.

Foster especifica varios síntomas de esta proximidad al límite: descontento de los directivos respecto al rendimiento de la I+D, aumento de los costes de desarrollo, disminución de la creatividad, mayor esfuerzo en procesos que en productos, importancia de la segmentación en el crecimiento de las ventas, etc.

Esta fase de estancamiento acostumbra a coincidir con un hecho importante: otra u otras compañías, pequeñas por regla general, están ya experimentando otra tecnología. Probablemente al principio sus progresos serán muy lentos, pero, como en el caso anterior, puede suceder que la nueva tecnología mejore y supere a la antigua. Estamos ante una discontinuidad tecnológica, es decir, ante una transición de un grupo de productos o procesos a otro distinto.

Word cloud for Disruptive innovation

Este progreso rápido de la nueva tecnología puede pasar desapercibido en las empresas existentes y provocar un colapso súbito de sus ventas. La historia empresarial está llena de casos de este tipo; por ejemplo, la venta de cajas registradoras electromecánicas que en 1972 representaban el 90% del mercado americano, cayó a sólo un 10% en 1976, tras la aparición de las cajas electrónicas. Otro caso significativo: la mayoría de las grandes empresas americanas fabricantes de tubos de vacío no sobrevivieron a la aparición del transistor.

Las curvas en S correspondientes al rayón, al nilón y al poliéster son muy reveladoras; la empresa Du Pont obtuvo resultados poco relevantes en su investigación sobre el nilón, ignorando que se encontraba en el tramo horizontal de la curva, mientras que los resultados de Celanese que había apostado por el poliéster, progresaron rápidamente con poco dinero.

Foster defiende que en épocas de discontinuidad la ventaja suele ser de los atacantes, los cuales con frecuencia no tienen nada que perder y mucho que ganar. A le empresa defensora le cuesta mucho reaccionar, cambiar sus hábitos; le es más fácil, y le parece más seguro, continuar invirtiendo en las tecnologías del pasado. Para Foster “la innovación no es un proceso solitario sino una batalla entre atacantes y defensores”.

Las mejores empresas abandonan a tiempo la antigua tecnología y se lanzan con decisión hacia la nueva. Lo han hecho empresas como Procter&Gamble, Gould, United Technologies, IBM… Las conclusiones son muy claras. Las empresas han de acostumbrarse al cambio continuo. Es necesario atacar y defenderse al mismo tiempo. “La innovación es arriesgada, pero no innovar es aún más arriesgado“.

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Ejemplo de curvas en forma de S

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